miércoles, 7 de diciembre de 2011

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO ¿QUÉ SIGNIFICA?

Orando en Espíritu y Verdad, en un retiro sobre el Espíritu Santo y el Reino de Dios, en la Diócesis de Los Ángeles.

Testimonio de una hermana:
"Cuando recibí el Bautismo en el Espíritu Santo,me enamoré de Jesús. La Biblia comenzó a ser una carta de amor del Señor para mi. Estaba gozosa, llena de paz y amor. Desde ese momento, nunca he dejado de evangelizar y de alabar a Dios, en la renovación carismática. También mi matrimonio tomó nueva fuerza, y el sacramento de la Eucaristía me llena de felicidad. Puedo decir que soy una nueva mujer, renacida en Cristo, y muy feliz, aun con las dificultades de toda persona en la vida, reitero que soy muy feliz".

¿Qué es la efusión del Espíritu?

Charles-Eric HAUGUEL

Gracias al Bautismo, muriendo y resucitando con Cristo, llegamos a ser hijos de Dios, marcados por el sello del Espíritu y llamados a compartir la vida divina. Por la Confirmación, recibimos los dones del Espíritu Santo para crecer en esta vida divina, hacernos semejantes a Cristo y ser enviados al servicio del Evangelio, dentro de la Iglesia.

La efusión del Espíritu no es un nuevo sacramento. Si algunos hablan de "bautismo en el Espíritu" la expresión es impropia, porque se presta a confusión. Podría hacemos creer que se trata de otro bautismo y que, en consecuencia, el Bautismo propiamente dicho, había sido insuficiente. Nada de esto. La efusión en el Espíritu no es mas que un rito antiguo de la Iglesia primitiva descubierto recientemente. La efusión del Espíritu supone una doble puesta en marcha, personal y comunitaria, para que el Espíritu actúe libremente en nosotros, renovando, profundizando y actualizando de nuevo la gracia del Bautismo y la Confirmación.

UNA DECISIÓN PERSONAL

Al recibir el Bautismo, nos convertimos en criaturas nuevas, revestidas de Cristo, tanto que podemos decir como San Pablo: "No soy yo quién vive, es Cristo que vive en mí" (Ga 2,20). Pero es necesario que llevemos a la práctica, a la hora del hacer, lo que ya somos en virtud del ser. En esto consiste la conversión a la que somos llamados en nuestra vida cristiana.

Una comparación puede ayudarnos a comprenderlo. En el Bautismo y la Confirmación hemos recibido un regalo maravilloso. Pero no es suficiente, es preciso abrirlo para descubrirlo y aprovecharnos plenamente de él. La efusión del Espíritu nos ayuda a desenvolver el "paquete" de las gracias recibidas por esos dos sacramentos, renovando así nuestra vida espiritual.

Esta claro que para este crecimiento es para lo que se pide la Efusión del Espíritu. Porque hemos tomado conciencia de nuestra debilidad y de nuestra impotencia para vivir solos este camino de conversión y santificación, y porque hemos comprendido que la perfección no se consigue a fuerza de puños ni de voluntad: "sin mi no podéis hacer nada" (Jn 15,5).

Pedir la efusión del Espíritu es en principio un acto de fe. Una entrega de sí, un deseo de conformidad con Cristo y de apertura a los carismas. Es esencialmente un acto de fe en el poder del Espíritu Santo y un deseo de dejarnos animar por él: "estos son los hijos de Dios, los que son conducidos por el Espíritu de Dios" (Rm 8,13 14).

Es también una renuncia al voluntarismo personal para entregarnos al Espíritu Santo, principal artista de la santificación del hombre. Esta actitud de abandono no supone ninguna forma de pasividad o quietismo porque la fe en el poder del Espíritu Santo, no suprime la necesidad del esfuerzo personal de toda conversión. Esa fe la acompaña y la permite.

La oración para la efusión del Espíritu Santo expresa igualmente una voluntad de pertenecer más totalmente a Dios, de entregamos enteramente a su Espíritu Santo para que nos libere de todo lo que en nosotros es obstáculo para su acción, que Él rompa nuestro orgullo, nuestro respeto humano, nuestro egoísmo, nuestro miedo, nuestra indiferencia y que actúe de ahora en adelante en nosotros con mayor libertad y poder.

La oración para recibir el Espíritu manifiesta también nuestro deseo de ser más y más conformes a la imagen del Hombre Nuevo, Jesucristo, más y más hijos del Padre, más y más testigos ante los hombres del amor trinitario mediante el ejercicio de la caridad fraterna.

Por último, ella permite al Espíritu Santo manifestar su presencia de una manera nueva para su gloria y para la edificación de la Iglesia, renovando sus dones y extendiendo sus carismas que tienen, como fin, el crecimiento de la Iglesia y la salvación del mundo.

UNA DECISION COMUNITARIA

La efusión del Espíritu es también una decisión comunitaria. Los miembros del grupo de oración acompañan con su intercesión a los que piden vivir esta experiencia. La oración por la que la comunidad acoge esta petición se acompaña habitualmente del gesto de la imposición de manos. Este gesto no es un rito sacramental como en el sacramento de la Confirmación o el del Orden y aún menos un gesto mágico por el que se transmite el Espíritu Santo. Es sólo un gesto que expresa sencillamente la unidad y la comunión de los que se unen en oración a los que expresan al Señor su consentimiento para que el Espíritu Santo actúe en ellos.

Por otra parte, si se pide esta gracia de la efusión del Espíritu, es para ser, para convertirse, en "piedra viva" de este edificio espiritual que es la Iglesia; para convertirse en un miembro vivo del cuerpo de Cristo: "vosotros como piedras vivas entregaos para la edificación de un edificio espiritual..." (1P. 2,5).

Esta doble decisión, personal y comunitaria, se unen para pedir una intervención específica del Espíritu Santo en la vida de aquel que pide la efusión. Una decisión que tiene por fin permitir que el Espíritu Santo recibido plenamente en el Bautismo y en la Comunión puedan realizar los efectos de estos dos sacramentos. Y es que estos efectos no actúan automáticamente. Exigen la adhesión de nuestra voluntad y la perseverancia de nuestros esfuerzos para llegar a ser aquello a lo que estamos llamados a ser: "Así como el que os ha llamado es santo, así también, vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: seréis santos, porque santo soy yo" (1P. 1,15 16).

Con frecuencia esta agua viva que es el Espíritu Santo, está en nosotros como una fuente estancada. Uno de los medios para abrir esta fuente, para quitar los obstáculos que impiden saltar el agua, es pedir esta gracia de la efusión del Espíritu, en el seno de una comunidad de amor, fe y oración. No se trata de una efusión que viene de fuera sino de algo que estalla dentro. Este brotar de "ríos de Agua Viva" es obra del Espíritu que despierta en el corazón de los cristianos tibios, las energías adormecidas y suscita el ejercicio de carismas apagados. Para unos, supone una verdadera conversión; para otros es salir de la tibieza espiritual; para otros finalmente, supone la señal de una nueva etapa, un progreso en ellos de la vida del Espíritu.

LOS EFECTOS DE LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU

Son numerosos y multiformes: el redescubrimiento de la alabanza, de la escucha de la palabra, del ejercicio de los carismas, de la evangelización. La primera consecuencia de la efusión del Espíritu, es un crecimiento de la vida de oración. Gracias a un mejor ejercicio de las virtudes teologales, de fe, esperanza y caridad, se descubre o se vuelve a descubrir la presencia de Dios y su amor. Esto provoca el establecimiento o la reanudación, de la vida de oración personal que permite mayor percepción y compresión del misterio trinitario: el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, nos hace amar y conocer mejor a uno y a otro. En el Espíritu Santo se busca vivir por Jesús, con Jesús y en Jesús para vivir en una pertenencia, en una identificación más total con é1, como hijos adoptivos del Padre. "La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abba, padre! (Gal 4,6).

AMOR FRATERNO

Al permitimos descubrir ese amor que es la vida misma de la Trinidad, el Espíritu Santo nos enseña a vivir un verdadero amor fraternal, que es a la vez el testimonio y la prueba del auténtico amor a Dios. El ejercicio de este amor fraterno dentro de la comunión eclesial, nos enseña a amar como Jesús nos ama y nos da la alegría de ser hermanos y hermanas en él, para formar su Cuerpo que es la Iglesia. Este amor fraterno, don de Dios, nos abre a todos, sin distinción de razas, de clases o edades y nos lleva al servicio de unos a otros: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado así también os améis vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn 13, 34 35).

De este modo los grupos de oración se convierten en verdaderas comunidades de oración, de fe, de esperanza y amor. Las personas, las parejas, las familias... vuelven a encontrar la fuerza de perdonarse como Jesús nos ha perdonado, de reconciliarse como Jesús nos ha reconciliado con Dios y de dejar que la gracia cure, poco a poco, las heridas del pasado. Algunos grupos de oración se deciden a veces por un compromiso aún más radical al servicio de Dios y de los hombres, y experimentan así una nueva forma de vida comunitaria dentro de la Iglesia. Las parroquias también se renuevan.

DESCUBRIR DE NUEVO LA IGLESIA

El Espíritu Santo no es un Espíritu de división sino al contrario de comunión, él suscita en nosotros un nuevo descubrimiento de la Iglesia, como misterio de comunión con Dios y también como institución jerárquicamente organizada. Al descubrir, así, que la Iglesia es a la vez carismática e institucional, ya no se la juzga exteriormente, al comprobar que ella es ante todo el Cuerpo de Cristo, sacramento de su presencia en el mundo, y que la jerarquía es un servicio para el crecimiento de esa presencia en el amor. Por el Espíritu Santo se nos da un amor más grande a la Iglesia, una atención y una docilidad mayor a su enseñanza, una participación más asidua en la liturgia y en los sacramentos y una devoción más auténtica a María. Lejos de apartamos de la Iglesia, uno de los frutos de la efusión del Espíritu es acercamos a ella, dándonos una mayor comprensión de su misterio profundo.

LIBERACION Y CURACIÓN

Al recibir la efusión del Espíritu puede hacerse la experiencia de una liberación. En efecto, una conciencia más viva de la presencia de Dios y la entrega total de nuestro ser a la acción transformadora del Espíritu, producen en nosotros la liberación de cierta forma de esclavitud interior: vicios, violencia, alcoholismo, droga, sexualidad desordenada, celos, egoísmo, superstición... Y la desaparición progresiva de ciertos bloqueos psicológicos: ansiedades, angustias, escrúpulos, inhibiciones, complejos, heridas. Se producen así verdaderas curaciones interiores e incluso físicas.

La paz y la alegría invaden, progresivamente, todo nuestro ser. Se comprueba algo importante: que la efusión del Espíritu no es una emoción sentimental o una evasión de las realidades de la vida. La efusión nos ayuda a cambiar nuestra vida, abandonando poco a poco actitudes y costumbres que no están de acuerdo con el plan de Dios sobre nosotros. Estos signos acompañan y confirman el anuncio de la Buena Nueva.

CRECIMIENTO DE LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU

Esta libertad espiritual, esta liberación de nuestras servidumbres, se acompaña del crecimiento de frutos espirituales: "En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley" (Gal.5 ,22 23). Este crecimiento de los frutos del Espíritu en nosotros es también la manifestación del crecimiento del Hombre Nuevo.

Por la acción del Espíritu, por el enriquecimiento de nuestra vida teologal, por el encuentro más continuo con el Señor en la oración, la Escritura y los sacramentos, permanecemos en Dios y Dios permanece en nosotros; llevamos frutos y frutos que duran en abundancia: "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos, el que permanece en mi y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. " (Jn 15,5).

domingo, 4 de diciembre de 2011

EL SEÑOR SANA NUESTRAS REBELIONES

(Pinche las imagenes para expandir)
Compartir con los hermanos es una muestra del Amor de Dios y de Su Misericordia que nos abren a los demás hermanos. Sabiendonos débiles criaturas, el Señor hace maravillas en nosotros, y los hermanos y hermanas ven en nuestro ser el reflejo del Amor de Dios Dios. ¡Qué hermoso es compartir en comunidad, y qué alegría más grande acoger a todos en su débil humanidad y en su grandeza de hijos de Dios!


Para Alabar al Señor, necesitamos tener un corazón de niños, abrir los labios, y dejar que el Espíritu Santo nos convierta en mensajeros del Amor de Dios, a través de la música y la letra de cantos inspirados por Dios.
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EL AMOR MISERICORDIOSO DEL SEÑOR


Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia;
porque mi ira se apartó de ellos.
(Oseas 14:4)

Queridos hermanos y hermanas:

Muchas veces nos desalentamos cuando miramos nuestros errores. ¡Tantas veces nos equivocamos cada día! Ya San Pablo lamentaba en sus cartas que “hacia a veces el mal que no quería, y no el bien que anhelaba”. Lo que ocurre es que llevamos un tesoro en vasijas de barro. El Tesoro es el Señor, el Espíritu Santo, al Amor de Dios, y el barro somos nosotros, nuestro ser humano.

¿Vamos a desalentarnos por eso?

Por supuesto que no. Seguiremos adelante, perdonándonos a nosotros mismos, y a nuestros hermanos y hermanas. El Señor irá moldeando nuestro barro cada día, nos perdonará, y nos sanará.

¡Tengamos Fe en El Señor. Sigamos adelante, compartiendo Su Amor!



miércoles, 30 de noviembre de 2011

ADVIENTO: PREPARANDONOS PARA LA LLEGADA DEL SEÑOR

Con nuestra Madre, la Virgen María, esperamos el nacimiento de Jesús, Nuestro Señor.

Estimados hermanos y hermanas:
Comienza este tiempo hermoso de Adviento y Navidad. ¡Cuidado con correr y desesperarse, impulsados por la propaganda de los medios de comunicación!
Adviento es, por el contrario, un recogerse, intimamente, a los pies del Señor. Esperarlo, en purificación, en restauración de nuestro ser herido por el pecado. Cuatro semanas para crecer, convertirse, y sanar con el Amor de Dios.
(Carlos Moreno Pezo)

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.

El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
(De Catholic.net)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ORACIÓN PARA PERDONAR CON JESÚS

Orar, poner nuestra vida ante el Señor. Dejar que El vaya sanando nuestras emociones, que vaya dando nueva vida. Perdonar, dejar que la vida vuelva a fluir en esas zonas muertas de nuestro ser, agarrotadas por la amargura y el rencor. He aquí una posibilidad de orar con el corazón.(Carlos Moreno Pezo)

Perdonar es la llave que abre las puertas a la Paz verdadera. Ora estas lineas con fe, lentamente, con el corazón. ¡Deja que el Espíritu Santo vaya vendando todas tus heridas!


ORACIÓN DE PERDÓN

(P. Roberto De Grandis)

Señor Jesucristo, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en mi vida. Sé que Tú me darás la fuerza para perdonar. Te doy gracias porque Tú me amas y deseas mi felicidad más que yo mismo.

"Señor Jesucristo, hoy quiero perdonarme por todos mis pecados, faltas y todo lo que es malo en mí y todo lo que pienso que es malo. Señor, me perdono por cualquier intromisión en ocultismo, usando tablas de uija, horóscopos, sesiones, adivinos, amuletos, tomado tu nombre en vano, no adorándote; por herir a mis padres, emborracharme, usando droga, por pecados contra la pureza, por adulterio, aborto, robar, mentir. Me perdono de verdad.

"Señor, quiero que me sanes de cualquier ira, amargura y resentimiento hacia Ti, por las veces que sentí que Tú mandaste la muerte a mi familia, enfermedad, dolor de corazón, dificultades financieras o lo que yo pensé que eran castigos. ¡Perdóname, Jesús, Sáname!

"Señor, perdono a mi madre por las veces que me hirió, se resintió conmigo, estuvo furiosa conmigo, me castigó, prefirió a mis hermanos y hermanas a mí, me dijo que era tonto, feo, estúpido o que le había costado mucho dinero a la familia, o cuando me dijo que no era deseado, que fui un accidente, una equivocación o no era lo que quería.

"Perdono a mi padre por cualquier falta de apoyo, falta de amor, o de afecto, falta de atención, de tiempo, o de compañía, por beber, por mal comportamiento, especialmente con mi madre y los otros hijos, por sus castigos severos, por desertar, por estar lejos de casa, por divorciarse de mi madre, por no serle fiel.

"Señor, perdono a mis hermanos y hermanas que me rechazaron, dijeron mentiras de mí, me odiaron, estaban resentidos contra mí, competían conmigo por el amor de mis padres; me hirieron físicamente o me hicieron la vida desagradable de algún modo. Les perdono, Señor.

Señor, perdono a mi cónyuge por su falta de amor, de afecto, de consideración, de apoyo, por su falta de comunicación, por tensión, faltas, dolores o aquellos otros actos o palabras que me han herido o perturbado.

"Señor, perdono a mis hijos por su falta de respeto, obediencia, falta de amor, de atención, de apoyo, de comprensión, por sus malos hábitos, por cualquier mala acción que me puede perturbar.

"Señor, perdono a mi abuela, abuelo, tíos, tías y primos, que hayan interferido en la familia y hayan causado confusión, o que hayan enfrentado a mis padres.

"Señor, perdono a mis parientes políticos, especialmente a mi suegra, mi suegro, perdono a mis cuñados y cuñadas.

"Señor, hoy te pido especialmente la gracia de perdonar a mis yernos y nueras, y otros parientes por matrimonio, que tratan a mis hijos sin amor.

"Jesús, ayúdame a perdonar a mis compañeros de trabajo que son desagradables o me hacen la vida imposible. Por aquellos que me cargan con su trabajo, cotillean de mí, no cooperan conmigo, intentan quitarme el trabajo. Les perdono hoy.

"También necesito perdonar a mis vecinos, Señor. Por el ruido que hacen, por molestar, por no tener sus perros atados y dejar que pasen a mi jardín, por no tener la basura bien recogida y tener el vecindario desordenado; les perdono.

" Ahora perdono a mi párroco y los sacerdotes, a mi congregación y mi iglesia por su falta de apoyo, mezquindad, falta de amistad, malos sermones, por no apoyarme como debieran, por no usarme en un puesto de responsabilidad, por no invitarme a ayudar en puestos mayores y por cualquier otra herida que me hayan hecho; les perdono hoy.

"Señor, perdono a todos los profesionales que me hayan herido en cualquier forma, médicos, enfermeras, abogados, policías, trabajadores de hospitales. Por cualquier cosa que me hicieron; les perdono sinceramente hoy.

"Señor, perdono a mi jefe por no pagarme lo suficiente, por no apreciarme, por no ser amable o razonable conmigo, por estar furioso o no ser dialogante, por no promocionarme, y por no alabarme por mi trabajo.

"Señor, perdono a mis profesores y formadores del pasado así como a los actuales; a los que me castigaron, humillaron, insultaron, me trataron injustamente, se rieron de mí, me llamaron tonto o estúpido, me hicieron quedar castigado después del colegio.

"Señor, perdono a mis amigos que me han decepcionado, han perdido contacto conmigo, no me apoyan, no estaban disponibles cuando necesitaba ayuda, les presté dinero y no me lo devolvieron, me criticaron.

"Señor Jesús, pido especialmente la gracia de perdonar a esa persona que más me ha herido en mi vida. Pido perdonar a mi peor enemigo, la persona que más me cuesta perdonar o la persona que haya dicho que nunca la perdonaría.

"Gracias Jesús, porque me estás liberando del mal de no perdonar y pido perdón a todos aquellos a los que yo también he ofendido. Gracias, Señor, por el amor que llega a través de mí hasta ellos. Amén."

domingo, 20 de noviembre de 2011

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN DEL HERMANO IVÁN, MIEMBRO DE LA R.C.C.

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Grupo de hermanos y hermanas que recibieron el Sacramento de la Confirmación, impartido por el Obispo Felipe Bacarreza , de la Diócesis de Los Ángeles.


Recibiendo la Comunión de manos del Obispo Felipe Bacarreza. Momentos de gran unción, luego de vivir el Sacramento de la Confrmación.


Con el Párroco P. Darío Dittus,el hermano Iván posa en las afueras del templo que fue testigo de la confirmación de un grupo de adultos. ¡Esperamos que den mucho fruto en el Señor!

Alegremente, el hermano Iván Arias ha pasado a pertenecer a los miembros de la Iglesia que viven en plenitud su Gracia bautismal. Pedimos al Señor que lo siga bendiciendo con dones y carismas, como servidor del grupo de oración carismático que se realiza cada lunes a las 20:00 horas, en el templo de la parroquia Santa María, de Los Ángeles.


III Los efectos de la Confirmación (Catecismo de la Iglesia Católica

1302 De la celebración se deduce que el efecto del sacramento es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.

1303 Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:

– nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir "Abbá, Padre" (Rm 8,15).;

– nos une más firmemente a Cristo;

– aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;

– hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia (cf LG 11);

– nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12):

Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (S. Ambrosio, Myst. 7,42).

1304 La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el "carácter" (cf DS 1609), que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo (cf Lc 24,48-49).

1305 El "carácter" perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y "el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo públicamente, y como en virtud de un cargo (quasi ex officio)" (S. Tomás de A., s.th. 3, 72,5, ad 2).

lunes, 14 de noviembre de 2011

INSTANTES....VIVENCIAS...ENCUENTROS CON EL SEÑOR

¡La vida se compone de instantes, de bellos instantes!

Los seres humanos buscamos permanentemente la felicidad. Pero esta no es permanente, ni se puede lograr ese estado en esta vida. La constitución física y nerviosa del hombre no soporta un estado de permanente alegría, ni de permanente tristeza. Nuestra vida oscila entre alegrías, penas, paz, inquietud. ¡Pero hay momentos perfectos! ¡Instantes! : Hay momentos perfectos de felicidad que quedan grabados para siempre en nuestra memoria: Una sonrisa, un saludo, un atardecer, una ola en la playa, un paisaje en el campo, en fin ....miles de pequeños instantes perfectos, que nos dan felicidad. Y entre esos momentos perfectos, tenemos aquellos que vivimos cuando estamos en presencia del Señor. Les presento aquí unos momentos perfectos, de gozo, de paz, en el Señor:


Visitando la Imagen de San Sebastián, mártir de la Fe, en Yumbel.

¿Cómo pudiéramos tener más seguidos, momentos de adoración al Señor Sacramentado tan intensos como estos? Momentos gozosos de intimidad con el Señor, en un retiro carismático en Los Ángeles. Adorar a Dios, con todo el cuerpo, en postración, es una entrega muy hermosa

A los pies de tu Cruz, Señor, me entrego a ti:Toda mi vida, todas mis alegrías, tristezas y esperanzas. ¡Aumentanos la Fe, Señor!

En la Plaza de Yumbel, las hermanas se recrean , mientras esperan la realización de una Misa de Sanación que comenzará en breves momentos mas. Allí tendrán y beberán Agua Viva.


El Hermano Iván, con el Padre Joséluis Aguilar, previo a una Eucaristía. Compartiendo el Amor en Cristo, y la amistad santa de los Hijos de Dios.




Bendiciendo el Padre Sergio algunos objetos de Piedad, y Biblias, las que servirán para que los hermanos y hermanas crezcan en la Fe, la Esperanza y el Amor.


¡Bellos momentos, capturados por una maquina fotográfica, y que viven para siempre en el recuerdo de muchos.!

Bendiciones.