Servidores en Mulchén, con el Padre José Luis Aguilar
ALGUNOS HERMANOS Y HERMANAS SE NIEGAN A PREPARAR SU ENSEÑANZAS, A ESTUDIAR O LEER. DICEN QUE ESO SERÍA NO SER CARISMÁTICOS. ¡GRAN ERROR, Y UNA EXCUSA LAMENTABLE PARA ESCONDER LA FLOJERA ESPIRITUAL E INTELECTUAL. TODO ES ORACIÓN, SI LO HACEMOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR, EN UNA PERFECTA CONJUGACIÓN DE LOS DONES ESPIRITUALES, Y NATURALES!
¡NO SEAMOS CÓMODOS, Y NO LE ECHEMOS LA CULPA AL ESPIRITU SANTO DE NUESTRA FLOJERA!
ESTUDIEMOS Y OREMOS MUCHO:
5.2. Técnicas de la Sanación Interior
Autor:
Padre Juan Ernesto Iriarte Blas
Enfermedad del corazón y curación interior
Todos somos conscientes de las graves repercusiones de nuestro pasado en el presente. Aquí nos referimos especialmente a las actitudes enfermizas de nuestra personalidad y relaciones con los demás que hunden sus raíces en dolorosas experiencias de nuestra historia. ¡Cuántos traumas han sido causados por heridas en nuestro pasado! Consecuencias negativas invaden el plano fisiológico (por ejemplo, algunas enfermedades físicas son causadas por heridas emocionales, psicológicas (los complejos son causados siempre por heridas) y hasta espiritual (muchas debilidades en nuestra vida de fe tienen dolorosas causas en nuestra historia). Estas enfermedades emocionales de nuestro corazón el Señor puede sanarlas mediante la oración de curación interior.
En un centro psiquiátrico de Montreal había un hombre ciego que presentaba un cuadro médico muy extraño: Había perdido la vista aparentemente sin ninguna causa. El nervio óptico, la pupila y la córnea estaban en perfectas condiciones. No había razón para ser invidente.
Mediante un tratamiento hipnótico se descubrió que la causa que remontara cuando era muy pequeño y dormía en la misma recámara que sus padres. Una noche, ellos tuvieron relaciones sexuales muy intensas que el pequeño interpretó como una agresión de su padre contra su madre. Esto le causó un trauma tan hondo que cerró sus ojos a esta agresión y a toda realidad, volviéndose ciego. Al encontrarse la raíz del problema se le dio la terapia adecuada y después de algunos meses recobró la vista.
Esto es lo mismo que hace el Señor Jesús mediante la oración de curación interior, yendo a la raíz de nuestros conflictos para ser sanados; con la ventaja que El no cobra y lo hace muchos más rápido que los psicólogos y psiquiatras de este mundo. ¨El sana los corazones destrozados y vendas sus heridas¨: Sal 147,3.
Tenemos un Dios maravilloso que es capaz de ir hasta el fondo de nuestros problemas para sanarnos y liberarnos. Antiguamente existía una bellísima oración en la liturgia que decía;¨Líbranos, Señor, de nuestros males pasados, presentes y futuros...¨
Nuestro Dios es capaz de sanarnos de los males del pasado porque El no está en el tiempo. Mejor dicho, Él está en todos los tiempos porque es el mismo ayer, hoy y siempre.
Para esto es necesario primeramente sacar a la luz lo que nos ha herido. Esto no significa sólo hacerlo consciente sino exponerlo a la luz del amor de Dios en un abandono total, pidiéndole que Él cure con su misericordia infinita nuestras heridas. La mitad de la curación de un problema emocional radica en la capacidad de escuchar al paciente con amor y sin juzgarlo.
Existen algunas enfermedades y heridas físicas que se curan con baños de sol. La persona se expone a los rayos de sol que lo van penetrando y así va sanando. De la misma manera, Jesús, sol de justicia, sana las heridas del corazón. Si exponemos todo nuestro ser, especialmente las áreas más enfermas, ante los rayos de misericordia de su corazón, su calor nos va a penetrar y a sanar.
Para ustedes que buscan a Dios brillará el sol de justicia con la salvación en sus rayos.: Mal 3,20
La incubación de recuerdos dolorosos en nuestra memoria produce traumas y complejos en nuestras relaciones con los demás, con nosotros mismos y hasta en nuestra relación con Dios. Por eso, el ministerio de curación interior comienza primordialmente en el campo de nuestros recuerdos, pues lo que guardamos archivado en nuestra memoria, consciente o inconsciente, produce reacciones somáticas, orgánicas y nerviosas.
En un clima de oración y fe tratamos de regresar a la persona al pasado buscando el origen de sus sufrimientos (rechazo, familiar, abandono, violencia, fracaso, accidente, etc....). Entonces se toma cada incidente doloroso y lo ponemos a la luz del Señor, tomando autoridad en el Nombre de Jesús sobre esta situación. Y Jesús, que es el mismo ayer, hoy y siempre, sana las heridas de la memoria como el sol sana las heridas de nuestro cuerpo cuando las exponemos a sus rayos.
Mandamos en el Nombre de Jesús, por el poder de sus Santas llagas (sus heridas que curaron nuestras heridas) que sean curadas nuestras enfermedades:¨Yo te libero en el nombre de Jesús de los temores, angustias, complejos, etc...causados por estos acontecimientos.¨
5.2.1. Ir a la raíz del problema
No debemos confundir la curación con la supresión de síntomas. No podemos dejarnos engañar por los síntomas porque estos brincan y se transforman, mientras que el problema permanece.
Por ejemplo, sucede que algunas personas renuncian al cigarrillo por algún método, pero luego comen más de la cuenta. Un alcohólico puede dejar de beber pero si no sana de raíz puede caer en otros vicios. En estos casos el problema no se soluciona sino que se traslada. Parece un globo inflado que si le apretamos de un lado, el aire se recorre para el otro.
Generalmente existe una herida de falta de amor o deformación de amor en todas nuestras enfermedades. Por eso su curación se llama del corazón¨.
Una experiencia negativa de falta o deformación de amor se cura con experiencias positivas verdaderas de amor. Por eso, no basta descubrir un problema o raíz de conflictos sino más importante es llenar este vacío con el amor misericordioso del corazón de Jesús.
Lo esencial es apropiarnos los meritos de la muerte de Cristo para gozar de los frutos de su resurrección con la certeza de la fe que, hace dos mil años, El ya cargó con el castigo que nos trae la paz.
En la curación no se trata de suprimir síntomas (dolor) sino ir a la raíz que está ocasionando los problemas. Por tanto, no debemos centrar nuestra atención en los síntomas, que son superficie del problema sino que debemos empeñarnos primero en encontrar la causa de los problemas.
La curación de Jesús actúa a fondo: desatar el nudo principal que origina todas las demás complicaciones. Esta raíz se descubre principalmente de dos formas:
Había una persona que sufría de un asma tan fuerte que casi se ahogaba.
Hablando con ella Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo y buscando cómo y cuándo comenzó su enfermedad se dio cuenta que fue poco después de nacer su segundo hijo ya que esta señora tenía una vecina que de mala fe la atacaba afirmando que ese niño recién nacido no era hijo de su esposo. Esto la hirió tanto que comenzó con el asma. El asma no era la enfermedad sino el síntoma de la herida emocional que al descubrirse y sanarse desapareció automáticamente.
En algunas ocasiones el Señor concede una luz especial para penetrar
hasta la raíz del problema. El Señor viene en ayuda de nuestra impotencia para que, descubriendo lo que humanamente es imposible o duraría muchas sesiones con métodos psicológicos, se cure la enfermedad emocional.
El discernimiento carismático no es fruto de una técnica psicológica sino una gracia especial del Señor para ayudar un caso particular.
Una niña de trece años despertó un domingo a media noche muy asustada con gritos y sobresaltos porque un hombre se había metido en su cuarto. Al día siguiente amaneció ciega. A pesar de que abría los ojos nada podía ver. Como la familia era pobre buscaron remedios caseros. Luego recurrieron al doctor y no hubo resultados positivos.
Entonces la trajeron a la Iglesia. Como yo no sé de medicina lo que hago es comenzar a orar. Lo hice pero sin resultados. Oré en lenguas y en ese momento comprendí con mucha claridad que esta niña no estaba ciega sino que tenía una herida emocional por la impresión recibida a través de sus ojos del hombre que había entrado a su habitación.
Le pedimos al Señor que la sanara de su herida emocional y a los diez minutos comenzó a ver. Cinco minutos más tarde había recuperado complemente la visibilidad. Su herida emocional era la raíz del mal físico. Curada la causa sanó también la consecuencia.
La oración se debe centrar en que el Señor rompa los lazos del pasado que esta repercutiendo en el presente. Luego se pide al Señor que llene de amor, comprensión, paz, etc... Aquel momento o circunstancia dolorosa.
En un retiro en Caracas, Venezuela, una religiosa canadiense nos contó que a pesar de sentirse satisfecha en su vocación y en su apostolado misionero, continuamente cargaba con una tristeza que no sabía por qué.
Oramos por su curación interior y durante la oración en lenguas una hermana tuvo una imagen mental de una niña de unos cinco años que lloraba perdida en un bosque, rodeada de pinos y de nieve. Se le preguntó a la religiosa si esa imagen le decía algo, a lo cual ella contestó con lágrimas en los ojos:
-Cuando yo era pequeña, un invierno, salí de casa. Mis huellas se perdieron en la nieve y no podía regresar, ni mis padres sabían dónde buscarme. Duré perdida varias horas, sufriendo mucho, pensando que jamás podría volver a ver a mis padres.
Entonces oramos a Jesús, buen pastor, pidiéndole que sanara la herida emocional, ya que Él estaba con ella en aquellos momentos, y cómo nunca la ha dejado sola ni ha permitido que se pierda en el camino de la vida. Ella fue curada y volvió la alegría a su vida y a su trabajo. Para nuestro Dios todo es presente y nos cura de nuestros males, aunque ya estén sepultados en el pasado.
La curación de los recuerdos radica en que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb. 13,8) y los méritos redentores de su muerte y resurrección son siempre presentes y eficaces.
En el ministerio de sanación nos apropiamos los méritos de la muerte de Cristo par vivir los frutos de la redención en alguna área o momento determinado de nuestra vida. El punto de partida es la certeza de que hace dos mil años, Jesús ya cargó con nuestras dolencias y enfermedades. Por la fe nos apoderamos de la victoria de Cristo, haciéndola nuestra.
Con la curación interior nace una esperanza para quienes ya se habían resignado a vivir con ciertos hábitos y traumas; se abre una puerta de recuperación para quienes no podían cambiar por más esfuerzos humanos que hacían y se rompen las amarras que nos esclavizaban al pasado.
Jesús vino a traer vida y vida en abundancia. Nos quiere y nos capacita para ser libres de toda atadura que nos encadene a un triste pasado o una experiencia negativa.
Hay personas que se acercan al sacramento de la reconciliación para confesar siempre las mismas faltas y pecados. De esta manera el sacramento parece que sólo nos otorga el perdón de Dios, más no la fuerza para salir victoriosos en la lucha contra el pecado. La sanación interior ha venido a liberarnos de esas dependencias que nos esclavizan y no nos dejan volar a las alturas de la unión con Dios y la santificación.
¿Esto significa entonces que la curación interior es más eficaz que el sacramento? De ninguna manera porque es especialmente en el sacramento de la reconciliación donde la curación interior puede ir más a fondo.
Si los sacerdotes fueran conscientes del poder sanador del sacramento de la reconciliación no dejarían de usarlo a cada caso. El sacerdote que reduce el sacramento a dar sólo la absolución, y no ora por la sanación interior, está reduciendo lamentablemente el poder del sacramento.
5.2.2. Oración por sanación interior (P. Emiliano Tardiff)
Como todos estamos enfermos por heridas en nuestro pasado, a continuación hacemos una oración de curación interior para que el Señor sane el corazón de los que reconozcan necesitarlo
Padre de bondad, Padre de amor,
Te bendigo, te alabo y te doy gracias
Porque por amor nos diste a Jesús.
Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu
Comprendemos que él es la luz
La verdad
Y el buen pastor,
Que ha venido para que tengamos vida
Y la tengamos en abundancia.
Hoy, Padre, quiero presentarte a este hijo(a)
Tú lo(a) conoces por su nombre
Te lo(a) presento, Señor,
Para que Tú pongas tus ojos de Padre amoroso en su vida.
Tú conoces su corazón y conoces las heridas de su historia.
Tú conoces todo lo que él ha querido hacer y no ha hecho.
Conoces también lo que hizo o le hicieron lastimándolo.
Tú conoces sus limitaciones, errores y su pecado.
Conoces los traumas y complejos de su vida.
Hoy, Padre
Te pedimos que por amor que le tiene a tu Hijo
Jesucristo
Derrames tu Santo Espíritu sobre este hermano(a)
Para que calor de tu amor sanador,
Penetre en lo más intimo de su corazón,
Tú que sanas los corazones destrozados
Y vendas las heridas
Sana a este hermano, Padre.
Entra en ese corazón, Señor Jesús
Como entraste en aquella casa
Donde estaban tus discípulos llenos de miedo,
Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste:
¨paz a vosotros¨.
Entra en este corazón y dale tu paz
Llénalo de amor
Sabemos que el amor echa fuera el temor.
Pasa por su vida y sana su corazón
Sabemos, Señor
Que Tú lo haces siempre que te lo pedimos,
Y te lo estamos pidiendo con María, nuestra Madre
La que estaba en las Bodas de Caná cuando no había vino
Y Tú respondiste a su deseo
Transformando el agua en vino.
Cambia su corazón y dale un corazón generoso,
Un corazón afable, un corazón bondadoso,
Dale un corazón nuevo.
Haz brotar, Señor, en este hermano(a)
Los frutos de tu presencia
Dale el fruto de tu Espíritu que es el amor,
La paz y la alegría.
Haz que venga sobre él el Espíritu de las bienaventuranzas,
Para que él pueda saborear y buscar a Dios cada día
Viviendo sin complejos, ni traumas junto a su esposo(a)
Junto a su familia, junto a sus hermanos.
Te doy gracias, Padre
Por lo que estás haciendo hoy en su vida
Te damos gracias de todo corazón
Porque Tú nos sanas
Porque Tú nos liberaras,
Porque Tú rompes las cadenas y nos das la libertad.
Gracias Señor, porque somos templos de tu Espíritu
Y ese templo no se puede destruir
Porque es la casa de Dios.
Te damos gracias, Señor, por la fe
Gracias, por el amor que has puesto en nuestros corazones
¡Qué grande eres Señor!
Bendito y alabado seas, Señor.
Fuente:
(http://www.monografias.com/trabajos73/psicoterapia-cristiana-sanacion-interior/psicoterapia-cristiana-sanacion-interior3.shtml
Consultado el 18 de noviembre de 2011)