Agendemos la Misa de Marzo

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Como siempre, en la PArroquia San Francusco

sábado, 7 de agosto de 2010

¿QUE ES LA ORACION EN LENGUAS?

Encuentro carismático en los Angeles. En la foto, la Asamblea ora en lenguas.

¿QUE ES LA ORACIÓN EN LENGUAS?

Por RODOLFO PUIGDOLLERS

Una de las cosas que más choca a quienes se acercan a la renovación carismática es la oración o el canto en lenguas. Sin embargo, no es éste ni mucho menos su punto principal, por lo que conviene tener ideas muy claras para no deformar las aportaciones que trae la renovación.

LA ORACIÓN EN LENGUA NO ES...

El orar o cantar en lenguas no es ningún fenómeno extraordinario o milagroso. No se trata de un éxtasis ni de una pérdida del control consciente. Quien así ora no se siente violentado, como si una fuerza externa lo arrastrase. Todo es normal, todo es sencillo.

Tampoco es una manifestación de histerismo o de sentimentalismo.

El ambiente es de serenidad, de paz, de dominio de sí mismo. Quien ora así empieza y termina cuando quiere. No hay nada de patológico.

La expresión hablar (orar, cantar) en lenguas es una frase hecha: no quiere decir que se hable en un idioma extranjero o desconocido. No es ni siquiera propiamente un hablar, sino una emisión espontánea de sonidos para sostener la oración. A uno le vienen ganas de reír cuando lee que periodistas, y hasta estudiosos, se esfuerzan por identificar el idioma utilizado en la oración en lenguas: ¿será griego, será hebreo, será un idioma desaparecido? Nada de eso. Es una improvisación de sonidos, un canto espontáneo.

LA ORACIÓN EN LENGUA ES...

San Pablo dice que nosotros no sabemos cómo alabar a Dios y qué pedirle, pero el Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra pobreza y ora por nosotros con expresiones ininteligibles (cf. Rm B.26). ¿Cómo expresar con palabras nuestro amor, nuestra alabanza a Dios? ¿Cómo cantar el amor de Dios que "sobrepasa todo conocimiento”. (Ef 3.19).

La oración y el canto en lenguas no es sino un esfuerzo por expresar lo inexpresable (Kart Barth). Cuando se trata de expresar nuestros sentimientos religiosos profundos no encontramos generalmente formas para hacerlo. Nuestra oración se hace a veces cerebral o bien encuentra siempre los límites del lenguaje. Nuestra liturgia no consigue muchas veces romper los formalismos. En este ambiente, la oración y el canto en lengua es “una forma de desprendimiento de si mismo, de desbloqueo y de liberación interior ante Dios y los hombres. Si al comienzo de la experiencia se acepta este acto de humildad -con su riesgo de parecer infantil y ridículo- se probará la alegría de descubrir una manera de orar por encima de las palabras y más allá de todo cerebralismo”. [Cardenal Suenens).

El canto en lengua es como un aleluya o una meditación gregoriana. Es como el canto de un niño. Es como un rayo de luz, como una brisa de aire fresco. Es una expresión espontánea que puede ser de gran ayuda en nuestra oración personal o en algunos momentos de la oración comunitaria.

¿QUE DICE LA BIBLIA?

Hablar del canto en lenguas es hacer referencia a la primera explosión de alabanza de la comunidad cristiana: el canto del día de Pentecostés.

Nos explica San Lucas: todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. (Act 2,4). Se trata de la gran explosión carismática: un canto espontáneo de todos los discípulos impulsados por el Espíritu Santo. Todos cantaban “las maravillas de Dios" (2,11). Un canto de alabanza.

Algunos autores piensan que fue una oración o un canto colectivo. Los peregrinos de Jerusalén, a pesar de sus diversas procedencias, entienden todos que aquellos hombres están alabando a Dios, que el Espíritu Santo prometido se ha derramado sobre los hombres. No se trata de un entender palabras (algunos decían que estaban borrachos, y de un borracho no hay mucho qué entender), sino de entender el acontecimiento: se ha cumplido la promesa de Jesús de enviar su Espíritu.

La misma explosión carismática encontramos en la conversión de los primeros paganos. (Act 10.46; 11.15) Y con los discípulos de Juan Bautista en Efeso [Act 19.6).

San Pablo habla extensamente de esta forma de orar en los capítulos 12-14 de la primera carta a los Corintios. Dice claramente que no se trata de hablar en ningún idioma sino de orar (“no habla a los hombres, sino a Dios”. 14.2). Nadie puede entender, es sólo un canto, un himno espiritual.

San Pablo oraba mucho de esta forma (“hablo en lenguas más que todos vosotros”. 14,18) y deseaba que todos orasen así (14.4). Pero no quería que se le diese una importancia excesiva: las oraciones comunitarias no pueden estar hechas sólo de oración en lenguas (et. 14.15): hay que tener mucha prudencia y abstenerse cuando hay personas a las que puede chocar (cf. 14,23); lo que construye la comunidad es sobre todo la oración inteligible, la profecía, la enseñanza, el amor (cf. 13,1; 14.4. 17•19).

HISTORIA DE LA ORACIÓN EN LENGUAS

Como hemos visto la oración en lenguas fue una característica de la comunidad cristiana desde sus comienzos (cf. también Mc 16,17). En la comunidad de Corinto (hacia el año 57) esta forma de oración estaba tan extendida que se prestaba a exageraciones.

Se continuó utilizando, sin embargo, de forma colectiva en las asambleas cristianas hasta principios del siglo III. San Ireneo escribe: "Oímos en la asamblea a muchos hermanos que por el Espíritu hablan en lenguas». (Adv. Haer. V, 6.1: PG 7. 1137). Pero por el uso que hacían algunos grupos algo heréticos (los montanistas) esta forma de orar y cantar espontáneamente desapareció de las asambleas y su uso quedó reducido a la oración personal. De ello nos dan testimonio muchos santos, como por ejemplo San Francisco de Asís, Santa Hildegarda, San Ignacio de Loyola, etc.

Sólo con la aparición del movimiento pentecostal se vuelve en este siglo a utilizar esta forma de oración y canto espontáneo. Quienes estuvieron en la fiesta de Pentecostés y el lunes siguiente en la basílica de San Pedro en Roma en el Año Santo (1975), todos recuerdan la explosión carismática de acción de gracias y adoración de los 10.000 peregrinos en el canto en lenguas que precedió a las palabras de Pablo VI recordando la frase de San Ambrosio: bebamos con alegría la sobria abundancia del Espíritu.

LA ORACIÓN EN LAS ASAMBLEAS

En las reuniones de oración hay momentos en que la oración se hace más viva y no bastan las palabras para expresar la alabanza o la necesidad, y sobre todo para expresarla comunitariamente. Es en estos momentos en que suavemente, casi silenciosamente, algunos empiezan a orar en lenguas, pasando poco a poco al canto. El murmullo se va unificando,y,cada uno, espontáneamente, va ocupando su lugar dentro de esta armonía improvisada. Es el amor que va uniendo las voces: el discernimiento de las necesidades de los hermanos, el no querer dominarlos, el animarlos, el saber esperarlos, el saber seguirlos...

Cuando hay divisiones en la comunidad, el canto en lenguas no puede elevarse o bien sale estridente. Por eso es tan importante no exagerar la importancia de este canto, pues de lo contrario no nos sentimos libres ante él y podemos tener la tentación de forzarlo. El canto en lenguas es gratuito, como todo lo que es del Espíritu. Es un don de cada momento.

En las asambleas, sin embargo, no se cantará normalmente en lenguas más que uno o dos minutos. Y esto cuando el discernimiento y la inspiración nos inviten a hacerlo. No hay que preocuparse si en una asamblea no se ha orado así.

ALGUNAS DIFICULTADES

A veces alguno dice: “tengo miedo de que mi oración en lenguas sea algo que me hago yo mismo” Cuando cantamos en lenguas somos nosotros quienes cantamos y es natural que sea algo que hacemos nosotros. La oración en lenguas no es una fuerza que actúa contra nuestra voluntad o un gran impulso. Lo importante es que con el canto espontáneo uno ore y alabe al Señor.

Los pentecostales clásicos (no católicos) consideran el don de la oración en lenguas como el signo de que uno ha recibido el Espíritu Santo. Sin embargo, no debemos considerar este don como el único signo de la presencia del Espíritu. La historia de la Iglesia y nuestra experiencia nos muestra claramente que, a pesar de que es un don muy extendido, éste no va unido siempre e inmediatamente al bautismo del Espíritu.

Es una costumbre muy desaconsejable el pedir para otro este don con demasiada insistencia o bien invitándole a imitar los propios sonidos. Todo don del Espíritu debe recibirse en un ambiente de libertad y de gratuidad. Si el hermano se siente forzado, no podrá orar por mucho tiempo con libertad.


CONCLUSION
Concluyamos con una larga cita de las orientaciones teológicas y pastorales del Coloquio de Malinas (21-26 mayo 1974): “no se puede entender correctamente el significado del carisma de lenguas si se lo aparta del contexto de oración. El “hablar en lenguas» permite a quienes lo hacen el orar a un nivel más profundo. Este don debe comprenderse, pues, como una manifestación del Espíritu en un don de oración. Si algunas personas aprecian este carisma es porque aspiran a orar mejor. Y esto es lo que les permite el carisma de lenguas. Su función se ejerce principalmente en la oración privada.

La posibilidad de orar de una forma pre-conceptual, no-objetiva, tiene un gran valor para la vida espiritual: permite expresar de una forma pre-conceptual lo que no puede expresarse conceptualmente. La oración en lenguas es con respecto a la oración normal, lo que una pintura abstracta, no figurativa, es con respecto a la pintura ordinaria. La oración en lenguas pone en acción una forma de inteligencia capaz hasta para los niños. Bajo la acción del Espíritu, el creyente ora libremente sin expresiones conceptuales. Es una forma de oración entre otras. Pero la oración en lenguas pone en acción a toda la persona y, por lo tanto, también sus sentimientos. Pero no está unida, sin embargo, a una excitación emocional”.

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