Muchos hermanos y hermanas tienen temor de confesarse, por miedo a perder la reputación ante el sacerdote, por descrédito de la figura sacerdotal ante escándalos ocasionales, o simplemente porque "lo hacen directamente con Dios"
¿Sirve confesarse directamente con Dios? No. Y les recuerdo que la confesión es liberación de las acechanzas y opresiones del demonio, Gracia de Dios, y sanación del alma y del cuerpo. Si nos confesaramos más asiduamente, los psiquiatras y psicólogos tedrían menos trabajo.
Los invito a leer y reflexionar:
Entrevista con el padre Hernán Jiménez, confesor en Santa María la Mayor de Roma(Zenit)
Parece que en estos días de Cuaresma hay una mayor afluencia de personas que acuden al sacramento de la reconciliación…
--P. Jiménez: Hay mucha afluencia porque con motivo de la Pascua los
cristianos quieren reconciliarse con el Señor. La Iglesia les recuerda
que tienen la posibilidad de retomar el camino al Padre que espera al
hijo, que reconoce haberse equivocado y regresa a pedirle perdón, como
hijo. Este es el tiempo mas favorable para nuestra conversión.
¿Por qué la Cuaresma es un tiempo privilegiado para acudir a este sacramento?
--P. Jiménez: Porque a través de la oración, de la penitencia moral,
mas que corporal, las obras de caridad nos hacen participar más
íntimamente a la pasión y a la resurrección del Señor. Es una
preparación a la Pascua, que nos hace tomar conciencia de la necesidad
de reconocernos amados por Dios, nuestro Padre. Porque todo cristiano
creyente debe vivir y sentir la necesidad de su conversión.
¿Dios perdona siempre? ¿Acaso Dios perdona todo?
--P. Jiménez: Dios como padre bueno, compasivo y misericordioso
perdona siempre todas nuestras faltas y pecados. Dios perdona todo si el
hombre humildemente se reconoce pecador, como dice Mateo 18, 21 y
siguientes.
¿Cada cuánto tiempo debe confesarse un católico?
--P. Jiménez: Por lo general con mucha frecuencia y en manera
particular una vez en el año y posiblemente en Pascua. Es decir, depende
del grado de conciencia en la relación con Dios: más conciencia se
tiene de la presencia de Él, más fuerte es la necesidad de pureza. Más
se vive junto con el Señor con el espíritu de fe, mucho más buscamos
vivir nuestra vida con gran rectitud.
¿Cuál es la mejor forma de prepararse para la confesión?
--P. Jiménez: Haciendo el examen de conciencia sobre los
mandamientos, los preceptos de la Iglesia, el precepto de la caridad
fraterna. Y también con todos nuestros deberes de cristianos, como
verdaderos creyentes y practicantes.
Hoy ya no se manda solo rezar como penitencia, sino también
hay acciones, diríamos 'de resarcimiento', ¿es esto oficial, es decir,
estas pueden reemplazar a las oraciones mismas?
--P. Jiménez: Las obras de caridad remplazan muy bien la oración,
porque el resarcimiento o restitución es una obligación de justicia.
¿Existe acaso la confesión "directa con Dios", tal como
argumentan algunos? ¿Cuál es la diferencia de esa práctica con el
sacramento de la Reconciliación?
--P. Jiménez: Con Dios hay una comunicación directa con la oración y
la meditación interior, pero nunca la remisión de los pecados. Según el
mandato del Señor, solamente los apóstoles y sus sucesores, los
sacerdotes, lo hacen.
¿Cuál es la base bíblica del perdón de los pecados ejercida
por un sacerdote frente a un penitente? ¿Él actúa en nombre de Dios o lo
hace por su propio poder de consagrado?
--P. Jiménez: La base la encontramos en los Evangelios, en Juan 20,
22-23. El sacerdote actúa en el nombre de Dios y lo hace por el mandato
de la Iglesia que recibe en la ordenación sacerdotal. El sacerdote
remite todo pecado con la formula: “… en nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo”.
¿Ya los apóstoles se confesaban?
--P. Jiménez: No tenemos ningún documento ni tampoco en los
evangelios, pero se deduce por la debilidad de nuestra naturaleza. Ellos
eran también como los demás, pobres hombres y pecadores.
¿Desde cuándo empezó la confesión en la Iglesia, tal como la conocemos hoy?
--P. Jiménez: Desde los primeros tiempos de la Iglesia en que era
pública. Después, en el siglo IV empezó a ser privada o auricular.
¿Desde qué edad y hasta cuándo está mandado que un católico se confiese?
--P. Jiménez: En cualquier edad. Pero la Iglesia aconseja practicarla
con la primera comunión. Y, hasta que tenga uso de razón, porque debe
ser consciente de su vida moral y de creyente.
El papa Benedicto XVI dijo que a los enfermos hay que
llevarles la confesión siempre. ¿Se puede pecar cuando uno está
sufriendo, postrado en una cama?
--P. Jiménez: Es para la serenidad y la tranquilidad de la conciencia
y para darle sostén, fuerza y consuelo en el sufrimiento corporal.
El que no está casado por la Iglesia, ¿puede confesarse?
--P. Jiménez: No, puede porque vive en estado de pecado.
¿De qué modo el sacramento de la reconciliación podría ser un
elemento importante para la nueva evangelización querida por el Papa?
--P. Jiménez: La reconciliación es muy importante e indispensable
para todo cristiano, especialmente en este periodo histórico en que el
pueblo busca alejarse de los sacramentos. Y porque a través de la toma
de conciencia, reconociendo con gran humildad la miseria y la debilidad
de su naturaleza humana delante de Dios y de los demás, lo hace más
humano y sensible al otro y de un modo especial a ese Otro que es Dios.
Es una antigua tradición que los confesionarios de la
basílica papal Santa María la Mayor de Roma estén a cargo de los padres
dominicos, ¿no?
--P. Jiménez: Es una antigua tradición desde la fundación de la
Penitenciaria Apostólica hecha por el papa Pio V, quien en 1568 la
confió a los padres Dominicos.
Vemos que las personas se pueden confesar en varias lenguas con ustedes...
--P. Jiménez: En latín y en todas las demás lenguas modernas. Se
busca cubrir la mayor parte de los idiomas con mucha diligencia y
preocupación apostólica.
¿Cuántas horas confiesa usted al día? ¿Lo hace todos los días de la semana?
--P. Jiménez: Todos estamos dedicados en este ministerio de la
Reconciliación por lo menos 23 horas semanales. Depende del día, con un
día y medio de descanso semanal.
Se dice que los confesores tienen una 'terapia' para no
'cargarse' con tantos pecados que escuchan... ¿Necesita usted de ese
tipo de ayudas?
--P. Jiménez: Para nada. Todos, con gran espíritu de fe y generosidad
fraterna, realizamos esta misión apostólica. No hay ninguna terapia, la
única es la reconciliación con Dios a través de su misericordia y
perdón.
¿Quiénes se confiesan más, los hombres o las mujeres? ¿Los mayores o los más jóvenes?
--P. Jiménez: Todas la categorías de personas sin ninguna distinción. Muchos son jóvenes, mujeres y los mayores.
A nivel general, ¿podría decirnos con qué angustias y dolores acuden hoy las personas a confesarse?
--P. Jiménez: La angustia es por los pecados cometidos y salen con
mucha paz interior y gozo espiritual. Y también influyen los problemas
de nuestra sociedad actual, como la soledad, la falta de trabajo, falta
de recursos económicos, entre otros.
Se dice que los papas se confiesan seguido, y que el beato
Juan Pablo II lo hacía semanalmente... ¿Benedicto XVI ha seguido esta
práctica?
--P. Jiménez: Claro, como todo cristiano y buen pastor de la Iglesia
universal: nadie es impecable y perfecto en este mundo. También el papa
actual se confiesa regularmente.
¿Qué le diría a algunos de nuestros lectores, que no se animan a confesarse aún en esta Cuaresma?
--P. Jiménez: A confrontarse humildemente con la palabra de Dios y
seguir toda inspiración divina para llegar a una autentica vida de
conversión. Aprovechando toda ayuda que el Señor en su paciente
misericordia pone a nuestro alcance. Es decir, no privarse de una válida
ayuda para sus vidas que es espiritual y moral.