martes, 4 de octubre de 2011

PREPARANDO NUESTRO CORAZÓN PARA LA MISA DEL DOMINGO Y PARA LA BODA FINAL DE LOS TIEMPOS

(La Oración conmueve el corazón de Dios)

Lectura del libro del profeta Isaías 25, 6-10a

«El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. El arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones.


Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor. Y se dirá en aquel día: «Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!» Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña».

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

«Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Yo lo puedo todo en aquel que me conforta. Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades. Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 22, 1-14

«Jesús habló otra vez en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: "Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas." Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.

Luego dijo a sus servidores: "El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren." Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?." El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: "Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes." Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.»

Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

Una de las ideas principales de este Domingo es la respuesta que cada uno de nosotros debe de dar a la gratuidad de Dios ya que «muchos son los llamados pero pocos los elegidos». La lectura del profeta Isaías presenta un horizonte esperanzador ya que muestra la intención de Dios que prepara, para los tiempos mesiánicos, un festín suculento en el monte Sión. Dios se dispone a enjugar las lágrimas de los rostros y alejar todo oprobio y sufrimiento (Primera Lectura).

En la parábola evangélica se pone de relieve la libertad y la responsabilidad de los invitados al banquete. La boda estaba preparada, pero los invitados no se hicieron merecedores de ella por su propia cerrazón a la invitación generosa y gratuita del rey. De manera indigna habían echado mano a los criados y los habían cubierto de golpes hasta matarlos. ¡Qué trágico y dramático el fin de aquellos invitados descorteses y asesinos: las tropas del rey prenden fuego a la ciudad y acaban finalmente con todos ellos!

Este pasaje se relaciona con la parábola que hemos escuchado el Domingo pasado de los viñadores homicidas. Dios invita al hombre, en Jesucristo, al banquete eterno, le ofrece la salvación y la vida eterna. Por parte de Dios todo está hecho; pero es el hombre quien debe acudir al banquete libremente. Hay que personalmente encontrarse con Jesucristo para poder decir como San Pablo: «Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Segunda Lectura).

sábado, 1 de octubre de 2011

MISA DE SANACIÓN DE OCTUBRE...MAÑANA DOMINGO

PREPARESE PARA LA MISA DE OCTUBRE.

PREPARESE PARA LA MISA DE OCTUBRE.
EL DOMINGO 02 DE OCTUBRE, a las 15,30 horas, en la Parroquia de San Francisco, viviremos la Misa de Sanación del mes.Invita a tus seres queridos a este encuentro con el Señor.

jueves, 15 de septiembre de 2011

¡VIVA NUESTRA PATRIA, NUESTRO CHILE QUERIDO!


¿Qué es la Patria? Más que un territorio, la Patria son nuestros seres queridos y las personas con las que vivimos y con las que compartimos una misma suerte.
El amor a la Patria es un valor cívico que se aprende en familia, al que se le da crecimiento en la escuela y el que da fruto en la madurez cuando somos personas útiles a la sociedad.
Es cierto que la simbolizamos en una sacrosanta bandera, en un himno que nos hace vibrar de emoción, en un escudo amado y en tantos signos que necesitamos para concretizar ese amor, pero el amor a la Patria va más allá que el culto reverente que damos a esos signos.
Pidamos a Dios que bendiga nuestra Patria, a cada uno de sus habitantes, y a los gobernantes, para que Chile siga siendo un edén.
¡VIVA CHILE!!!!!

lunes, 5 de septiembre de 2011

LAS MANOS DE JESÚS. TEXTO PARA ORAR.

Cierro los ojos y pienso en las manos de Jesús: Fuertes y vigorosas, de carpintero. Y, al mismo tiempo, tiernas, como cuando acariciaba a un niño o limpiaba una lágrima de las mejillas de la Virgen. Manos que extendían, respetuosas, los rollos de las Escrituras en la Sinagoga. Dedos que enfatizaban sus palabras o escribían sobre la arena.

Las manos de Jesús bendecían. Partían el pan, incluso lo multiplicaban. Eran manos que curaban y hasta resucitaban. Podían expresar enojo con los mercaderes en el templo y ternura con los enfermos que llegaban a Él.

Las manos de Jesús enseñaban, expresaban, amaban. Con ellas difundía su misericordia y amor. Eran manos que entregaban incesantemente. Manos orantes, cuando Él subía al monte a conversar con su Padre en la madrugada.

Es hermoso meditar en las manos de Jesús e impresionarse con ellas. Pero ¡Cómo duele pensar en ellas crispadas, heridas, perforadas! Manos en cruz y de cruz, rotas por sostener el peso del Nazareno. Manos inertes cubiertas de sangre y bañadas con los besos y lágrimas de su madre abrazándolo muerto. Manos cruzando el pecho, muertas, envueltas por un sudario en la tumba apagada e impasible de José de Arimatea.

Es fácil removerse ante las manos dolorosas de Jesús, pero ¿por qué no podemos ver con tanta claridad sus manos gloriosas? Tal vez porque nos es más familiar el dolor. Sin embargo pienso en el momento en el que Jesús venció a la muerte, cuando resucitó. ¡Qué instante! El sepulcro imprevistamente iluminado, como una explosión, y todos los ángeles venidos del cielo para ser testigos del momento anunciado desde siempre. Y las manos de Jesús, con una vida como nunca antes habían tenido, apartando el sudario. Manos con llagas, pero ¡qué hermosas y resplandecientes, y cuánto amor rebosando en las heridas! Manos vivas, que volverían a bendecir, cortar y repartir el pan y que, tal vez, harían una seña de “hasta pronto” a los apóstoles en la ascensión de Jesús al cielo.

Frente al Santísimo Sacramento uno podría preguntarse ¿y dónde están ahora las manos de Jesús, que lo tenemos escondido en un pedacito de pan? No diré nada nuevo: observo mis manos. Estas manos pueden ser orantes, dar misericordia, ser enérgicas, sensibles, amorosas. Pueden volver a abrir las escrituras respetuosamente y escribir sobre la arena. Sí, parecen mis manos, pero Jesús quiere usarlas y son, en realidad, suyas. Observa tus manos. También pueden ser orantes, enérgicas, sensibles, amorosas y, si tú lo permitieras, podrían regalar al mundo bendiciones y misericordia. Sí, también son tuyas, pero Jesús las quiere suyas. ¡Cuántas manos podría tener Jesús hoy si se las entregáramos!

Las manos de Jesús, las tuyas -tú que lees- y las mías -yo que escribo. Nuestras manos. Las manos de Jesús.
(encuentra.com)

jueves, 1 de septiembre de 2011

MISA DE SANACION ESTE DOMINGO 04 DE SEPTIEMBRE

"Ministerio de música Neria"

EL DOMINGO 04 DE SEPTIEMBRE, a las 15,30 horas, en la Parroquia de San Francisco, viviremos la Misa de Sanación del mes.Invita a tus seres queridos a este encuentro con el Señor.

miércoles, 31 de agosto de 2011

MILAGROS EUCARISTICOS SON UN SIGNO PARA LOS QUE DUDAN


Milagro eucarístico de Ludbreg: cardenal Tomko, enviado especial del Papa
Se produjo hace 600 años, en 1411

CIUDAD DEL VATICANO, martes 30 de agosto de 2011 (ZENIT.org).– El Papa ha nombrado al prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Jozef Tomko, su enviado especial a las celebraciones conclusivas del año jubilar del sexto centenario del “milagro eucarístico de Ludbreg”, que se celebrará en el santuario del mismo nombre, en la diócesis croata de Varazdin, el próximo 4 de septiembre.

En una carta al cardenal Tomko escrita en latín y difundida este sábado por la Oficina de Información de la Santa Sede, Benedicto XVI recuerda que “sin la Eucaristía no podemos ser verdaderos cristianos y la Iglesia no se puede edificar para la salvación de los hombres”.

Hace 600 años, en 1411, un sacerdote vio el vino transformarse en sangre, mientras celebraba la misa dudando de la verdad de la transubstanciación.

Los fieles croatas han venerado este milagro eucarístico a lo largo de los siglos y han sido testigos de innumerables curaciones, destacó Radio Vaticano.

Benedicto XVI hizo referencia al “milagro eucarístico” durante su visita a Croacia, el pasado 5 de junio, al celebrar la misa en Zagreb con motivo de la jornada nacional de familias católicas.

“Queridos padres, esforzaos siempre en enseñar a rezar a vuestros hijos, y rezad con ellos; acercarlos a los Sacramentos, especialmente a la Eucaristía, en este año en que celebráis el sexto centenario del "milagro eucarístico de Ludbreg"”, pidió entonces.

“Introducirlos en la vida de la Iglesia; no tengáis miedo de leer la Sagrada Escritura en la intimidad doméstica, iluminando la vida familiar con la luz de la fe y alabando a Dios como Padre –añadió-. Sed como un pequeño cenáculo, como aquel de María y los discípulos, en el que se vive la unidad, la comunión, la oración”.